Me sorprendí al llegar el primer día del curso y ver tanta gente interesada en el tema. En total el grupo estaba conformado por casi 30 personas, en su mayoría profesionales en distintos campos, con mínima o ninguna experiencia en la exploración de simas o cavernas, pero todos unidos por el mismo entusiasmo de conocer este ambiente tan ajeno al diario vivir. El curso sería una síntesis sobre algunos de los muchos campos que abarca la espeleológica. Se analizaría desde aspectos geológicos que permiten la formación de simas, el uso del equipo necesario para la exploración, cartografía, fotografía, bioespeleología, topografía, técnicas de descenso y lo más importante, realizaríamos una salida de campo al verdadero mundo subterráneo.
Las charlas fueron impartidas por expertos en cada materia. Cada presentación fue despertando la curiosidad de los asistentes por su área de interés o mayor afición, en mi caso fueron la cartografía y la bioespeleología las que más me atrajeron. Aprendimos una serie de nudos y normas de seguridad necesarias, tanto para el descenso vertical, como para una exploración responsable. En total fueron 6 días de instrucción teórica, además de un par de salidas de campo; la primera fue la práctica de vertical y la última, la visita a la caverna de Corredores en la zona sur del país.
Práctica de vertical.
El primer fin de semana, el punto de práctica sería en un antiguo puente de ferrocarril, ahora en desuso. Dividimos el grupo en dos, unos irían el sábado y otros el domingo, para tener mayor orden y aprovechar al máximo las prácticas. En mi caso fui el día domingo. El ambiente era de incertidumbre en general. Aunque todos habíamos practicado los distintos nudos y sabíamos lo seguro que es el equipo de vertical, llegada la hora habría que ver que tal sería el asunto, pues como bien dicen “no es lo mismo llamar al demonio, que verlo llegar.” Nos pusimos los equipos, aseguramos un mosquetón a la línea de vida ubicada en el puente y dimos los primeros pasos, por entre los viejos tablones y rieles. Había cuatro puntos para hacer la práctica, cada uno con sus diferencias. En mi caso, tendría que esperar un buen rato para poder hacer el descenso, así que me dedique a ver al resto de compañeros. El susto empezó a apoderarse de los primeros elegidos. Todos muy bien hasta que tuvieron que caminar hacia el filo del puente… ¡ahí si fue cierto! Algunos se pusieron fríos -aun con el enorme calor que hacía por tanto sol-, otros al contrario, sudaban como en maratón, todos estaban temerosos de confiarle la vida a una simple cuerda de 9 o 10mm, que con cada paso hacia atrás se empieza a ver más y más delgadita. Lo cierto es que todos, sin excepción, tuvieron su propio miedo o por lo menos algún grado de ansiedad, al tener que pasar de una posición vertical a estar colgando.
Terminado el ascenso y tras un almuerzo con una linda vista, se nos vino el aguacero. Recogimos todo el equipo y desalojamos el puente. Solo algunos compañeros que ya habían comenzado, pudieron realizar el segundo ejercicio, el resto nos fuimos al menos habiendo superado el primer asalto.
Caverna Corredores.
La salida de campo sería a la Caverna de Corredores en Ciudad Neily. Por lo largo del viaje -casi cinco horas-, decidimos organizarnos dentro del grupo, para compartir carros y gastos de gasolina. Saldríamos el viernes por la noche, y cada uno viajaría por la ruta de su preferencia: la nueva costanera, o el largo camino por el cerro de la muerte. Lo importante a fin de cuentas era dormir en Ciudad Neily, para salir el sábado temprano.
En mi caso hice grupo con tres compañeros. Nos pusimos de acuerdo para salir de San José a las 7 PM, pero debido a las enormes presas, paradas a comer y otros contratiempos, salimos en realidad con una hora y media de retrazo. Después de un largo camino acompañado de lluvias intermitentes, llegamos a Ciudad Neily a eso de la 1:30 AM. Armamos las tiendas en silencio para no levantar a nadie, y justo cuando estábamos casi dormidos… comenzó un tremendo escándalo de un bar-casa clandestino justo al lado. ¡Solo eso faltaba!... lo poco que quedaba de noche, y la íbamos a pasar escuchando reggaeton, pitos de carros, bulla,…
Los que aun teníamos energía, decidimos realizar un recorrido extra antes de volver a la superficie. Básicamente, consiste en una serie de pasos estrechos y mojados, donde hay que emplear al máximo el contorsionismo. Aquí se pone aprueba la tolerancia para permanecer en lugares muy cerrados y con escasa luz. Hay pasos tan pequeños, que se debe asumir una posición tipo gusano y arrastrarse como tal, para poder salir del otro lado. Pusimos aprueba nuestras habilidades, trepando por entre piedras y bajando por pendientes llenas de barro tan resbaloso como jabón. No hay parte del cuerpo o de la indumentaria que quede limpio o seco, después de semejante trayecto. El recorrido es de suma belleza, se pueden apreciar los caprichos de la naturaleza en las formaciones rocosas más extrañas, o en las cataratas y pozos escondidos a tantos metros bajo la superficie. Fue una experiencia completamente nueva para la gran mayoría de nosotros.
Habiendo terminado este peculiar recorrido, seguimos camino afuera de las tinieblas, hasta llegar otra vez a la entrada principal de la caverna. Almorzamos y emprendimos el regreso bajo la lluvia. Atrás quedó la caverna, pero con nosotros nos trajimos un recuerdo imborrable de un mundo aun poco conocido, atrás quedó la caverna, pero en nosotros despertó ese interés y curiosidad que todo ser humano posee y que talvez hasta ese momento estaba dormido.
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