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7 de mayo de 2010

Mi primer contacto con la espeleología

Desde pequeño las cavernas me han parecido cautivantes, siempre soñé con entrar en ese submundo oscuro y misterioso. Con el pasar del tiempo, nunca tuve la oportunidad real de poder visitar un sitio de estos, pero la idea siempre estaba ahí presente. Un día, buscando información sobre cavernas en Costa Rica, fui a dar con el sitio web del grupo Anthros. Dentro de la mucha información que encontré, me llamo la atención el hecho de que se ofrecían cursos para aprender a explorar ese fascinante mundo subterráneo. Fue así que me decidí, y tras casi dos años de espera -por problemas de horarios y otros-, finalmente pude matricular el curso básico de espeleológica con el GEA.

Me sorprendí al llegar el primer día del curso y ver tanta gente interesada en el tema. En total el grupo estaba conformado por casi 30 personas, en su mayoría profesionales en distintos campos, con mínima o ninguna experiencia en la exploración de simas o cavernas, pero todos unidos por el mismo entusiasmo de conocer este ambiente tan ajeno al diario vivir. El curso sería una síntesis sobre algunos de los muchos campos que abarca la espeleológica. Se analizaría desde aspectos geológicos que permiten la formación de simas, el uso del equipo necesario para la exploración, cartografía, fotografía, bioespeleología, topografía, técnicas de descenso y lo más importante, realizaríamos una salida de campo al verdadero mundo subterráneo.

Las charlas fueron impartidas por expertos en cada materia. Cada presentación fue despertando la curiosidad de los asistentes por su área de interés o mayor afición, en mi caso fueron la cartografía y la bioespeleología las que más me atrajeron. Aprendimos una serie de nudos y normas de seguridad necesarias, tanto para el descenso vertical, como para una exploración responsable. En total fueron 6 días de instrucción teórica, además de un par de salidas de campo; la primera fue la práctica de vertical y la última, la visita a la caverna de Corredores en la zona sur del país.

Práctica de vertical.
El primer fin de semana, el punto de práctica sería en un antiguo puente de ferrocarril, ahora en desuso. Dividimos el grupo en dos, unos irían el sábado y otros el domingo, para tener mayor orden y aprovechar al máximo las prácticas. En mi caso fui el día domingo. El ambiente era de incertidumbre en general. Aunque todos habíamos practicado los distintos nudos y sabíamos lo seguro que es el equipo de vertical, llegada la hora habría que ver que tal sería el asunto, pues como bien dicen “no es lo mismo llamar al demonio, que verlo llegar.” Nos pusimos los equipos, aseguramos un mosquetón a la línea de vida ubicada en el puente y dimos los primeros pasos, por entre los viejos tablones y rieles. Había cuatro puntos para hacer la práctica, cada uno con sus diferencias. En mi caso, tendría que esperar un buen rato para poder hacer el descenso, así que me dedique a ver al resto de compañeros. El susto empezó a apoderarse de los primeros elegidos. Todos muy bien hasta que tuvieron que caminar hacia el filo del puente… ¡ahí si fue cierto! Algunos se pusieron fríos -aun con el enorme calor que hacía por tanto sol-, otros al contrario, sudaban como en maratón, todos estaban temerosos de confiarle la vida a una simple cuerda de 9 o 10mm, que con cada paso hacia atrás se empieza a ver más y más delgadita. Lo cierto es que todos, sin excepción, tuvieron su propio miedo o por lo menos algún grado de ansiedad, al tener que pasar de una posición vertical a estar colgando.

Llegado mi turno –que por cierto fui el último-, me coloqué el equipo y con más ganas que miedos, armé el descendedor y comencé el descenso al lado de gringo loco (Scott) como mi guía. Al momento de ascender ya no se tiene miedo, por el contrario, lo que sucede aquí es que, como no se esta acostumbrado a subir por una cuerda, se tarda un poco en ambientarse. Se deben de coordinar los movimientos para poder aplicar correctamente la técnica de ascenso tipo frog -que es la utilizada por el GEA-, y no parecer más bien un sapo saltando sin ningún control. Me tomó algunos intentos, pero cuando pude coordinarme, subí sin mayores problemas.
Terminado el ascenso y tras un almuerzo con una linda vista, se nos vino el aguacero. Recogimos todo el equipo y desalojamos el puente. Solo algunos compañeros que ya habían comenzado, pudieron realizar el segundo ejercicio, el resto nos fuimos al menos habiendo superado el primer asalto.

Caverna Corredores.
La salida de campo sería a la Caverna de Corredores en Ciudad Neily. Por lo largo del viaje -casi cinco horas-, decidimos organizarnos dentro del grupo, para compartir carros y gastos de gasolina. Saldríamos el viernes por la noche, y cada uno viajaría por la ruta de su preferencia: la nueva costanera, o el largo camino por el cerro de la muerte. Lo importante a fin de cuentas era dormir en Ciudad Neily, para salir el sábado temprano.

En mi caso hice grupo con tres compañeros. Nos pusimos de acuerdo para salir de San José a las 7 PM, pero debido a las enormes presas, paradas a comer y otros contratiempos, salimos en realidad con una hora y media de retrazo. Después de un largo camino acompañado de lluvias intermitentes, llegamos a Ciudad Neily a eso de la 1:30 AM. Armamos las tiendas en silencio para no levantar a nadie, y justo cuando estábamos casi dormidos… comenzó un tremendo escándalo de un bar-casa clandestino justo al lado. ¡Solo eso faltaba!... lo poco que quedaba de noche, y la íbamos a pasar escuchando reggaeton, pitos de carros, bulla,…

Amaneció, todos estábamos con un poco de desvelo a cuestas, pero con todas las ganas de empezar el trayecto. Desayunamos rápido, alistamos los bultos, nos pusimos nuestras mejores galas y emprendimos un corto viaje en los carros. El punto de acceso sería por un puente colgante. Tras cruzarlo, nos esperaba una caminata de una hora y media por entre la húmeda selva del sur. Solo nos detuvimos un par de veces a descansar y tomar un poco de agua. Casi sin darnos cuenta del tiempo, de repente, habíamos llegado a la boca de la caverna. Preparamos el equipo -que básicamente era un casco y una luz-, tuvimos una última y rápida charla, nos dividimos en tres grupos y comenzamos el viaje entre la penumbra. Con solo haber andado algunos metros todo cambió. Entramos en una oscuridad total, un silencio profundo, cortado solo por las voces y sonidos de los pasos, rodeados por formaciones de roca milenarias y muros gigantes que marcaban el sendero a lo profundo… Caminamos hasta llegar al río subterráneo que protege esta caverna. Íbamos admirando las formaciones, los insectos, murciélagos y caídas de agua. El trayecto fue de poco más de 1 KM por en medio del río, hasta llegar a un punto sin salida. Aquí comienza el río para esta caverna, pero en realidad, todo el caudal proviene desde otra caverna aun más arriba. Desde ahí el agua baja por una especie de tubo y llega hasta aquí, donde se vuelve a abrir paso en su largo camino al mar.
Los que aun teníamos energía, decidimos realizar un recorrido extra antes de volver a la superficie. Básicamente, consiste en una serie de pasos estrechos y mojados, donde hay que emplear al máximo el contorsionismo. Aquí se pone aprueba la tolerancia para permanecer en lugares muy cerrados y con escasa luz. Hay pasos tan pequeños, que se debe asumir una posición tipo gusano y arrastrarse como tal, para poder salir del otro lado. Pusimos aprueba nuestras habilidades, trepando por entre piedras y bajando por pendientes llenas de barro tan resbaloso como jabón. No hay parte del cuerpo o de la indumentaria que quede limpio o seco, después de semejante trayecto. El recorrido es de suma belleza, se pueden apreciar los caprichos de la naturaleza en las formaciones rocosas más extrañas, o en las cataratas y pozos escondidos a tantos metros bajo la superficie. Fue una experiencia completamente nueva para la gran mayoría de nosotros.

Habiendo terminado este peculiar recorrido, seguimos camino afuera de las tinieblas, hasta llegar otra vez a la entrada principal de la caverna. Almorzamos y emprendimos el regreso bajo la lluvia. Atrás quedó la caverna, pero con nosotros nos trajimos un recuerdo imborrable de un mundo aun poco conocido, atrás quedó la caverna, pero en nosotros despertó ese interés y curiosidad que todo ser humano posee y que talvez hasta ese momento estaba dormido.



29 de diciembre de 2009

Parque Nacional Barra Honda

Este fin de semana tuvimos la oportunidad de visitar el parque nacional Barra Honda en la provincia de Guanacaste. El parque tiene como atractivo principal 42 cavernas, de las cuales solo 2 pueden ser visitadas por el turista. La más famosa de las cavernas se llama Terciopelo. También se puede visitar otra de nombre La Cuevita, pero solo para niños menores de 10 años.

Además de las cavernas el parque también cuenta con un espectacular mirador, desde donde se puede apreciar gran parte de la península, el golfo de Nicoya y varias islas, entre ellas la más grande, Chira.

¿Cómo llegar?
En nuestro caso llegamos al península por medio del ferry de Paquera, ya que estuvimos unos días recorriendo las playas de la zona. Luego realizamos un recorrido en carro comenzando en Paquera y subiendo hasta Playa Naranjo, donde esta el otro ferry. Desde ahí se sigue el camino hacia Nicoya por casi una hora. En nuestro caso pasamos a desayunar al pueblo de Jicaral a eso de las 7am. Luego seguimos el camino. En la ruta hacia Nicoya, hay un cruce hacia el puente de la Amistad, ahí se debe doblar hacia la derecha. Se avanza un kilómetro y se dobla de nuevo a la izquierda. De este punto el parque se encuentra a 6km. La dirección es bastante sencilla ya que hay buena rotulación. Se puede ingresar también viniendo por el puente de la amistad desde San José o viniendo desde Liberia por Nicoya. Desde cualquier punto se puede llegar de forma fácil. Es recomendable un carro que sea un poco alto, no es necesario un doble tracción, pero sí que sea alto para no maltratarlo en algún hueco o borde del camino.

¿Cuánto cuesta?
Los precios van de acuerdo al número de personas que deseen realizar ya sea la caminata solamente o el descenso a la caverna. Nosotros eramos 7 personas pero solamente 6 decidimos bajar hasta la caverna. Nos costo cerca de 7mil colones cada uno (esto incluye la entrada al parque y el equipo de espeleología para le caverna).

Comienza la aventura
El trayecto a la caverna toma cerca de 1 hora y 15 minutos por los senderos del bosque seco. Hace bastante calor, por lo que es recomendable llevar agua suficiente ya que no hay donde recargar. El llegar al final del sendero se puede escoger visitar el mirador o la caverna en el orden que se prefiera. En el caso de nosotros visitamos primero la caverna. El descenso a la primera de las tres salas de la caverna se realiza por medio de una escalera de 17 metros. Se debe utilizar un arnés y cuerdas adecuados en caso de algún resbalón en aquel altura. Es una vista impresionante bajar hacia lo profundo y oscuro por aquella escalera. Al llegar al fondo y quitarse el equipo se puede apreciar lo enorme que es la primera sala. Es imponente, con el techo muy alto y grandes formaciones rocosas de miles de años de antigüedad. Desde este punto comienza el tour dentro de la caverna que puede durar cerca de una hora, dependiendo de la cantidad de personas. Se pueden ver incontable cantidad de estalactitas y estalagmitas que impresionan por sus tamaños. Luego se desciende a la siguiente sala de la caverna, esta se llama Los Huevos Fritos, por unas interesantes formaciones que son exactamente como estar viendo 3 huevos fritos en un sartén. El descenso a esta sala se hace por medio de otra escalera, pero sin utilizar equipo de cuerdas, por lo que se debe realizar con sumo cuidado. Aquí se pueden ver formaciones impresionantes entre las que destaca El Órgano. Es una formación con decenas de rocas de distintos grosores que bajan hasta tocar el suelo y al golpearlas producen diferentes sonidos por toda la caverna. Después de pasar El Órgano viene la tercera sala. El acceso a ella es un poco difícil y bastante estrecho. Se debe pasar arrastrado en medio de dos rocas y luego pasar por un espacio muy pequeño la cabeza y por último el cuerpo. El salir al otro lado se entra en un espacio abierto y unos cientos más de formaciones impresionantes. Aquí decidimos apagar las luces y guardar un minuto de silencio para contemplar lo maravilloso del lugar. Al apagar todo, no se alcanza a ver si siquiera la propia nariz, es una oscuridad eterna y el silencio más profundo que se pueda alcanzar. Casi se puede sentir los millones de años acumulados en aquellas paredes. Parece increíble, pero para mi aquella oscuridad y aquel silencio fue el momento más impresionante de todo el recorrido, solo experimentándolo se podría entender lo casi mágico que es.

Después de volver a la realidad de nuestras luces emprendimos el regreso por donde habíamos entrado. Volviendo a la sala principal visitamos algunas formaciones y cascadas del pasado por algunos minutos más. Luego regresamos hasta el punto de acceso a la caverna para comenzar a subir uno a uno los 17 metros hasta la superficie. Tras bajar a la entrada del parque de nuevo, se puede tomar un ducha para quitarse el calor y sudor de la travesía.

¿Qué llevar?


  • Zapatos adecuados para caminar en terreno difícil

  • Agua en abundancia

  • Ropa ligera y fresca

  • Cámara fotográfica (obligatorio)

  • Ropa para cambiarse

  • Efectivo ya que no aceptan tarjeta

  • Muchas ganas de disfrutar de una belleza más de nuestro país

Fotos